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La financiación inicial no siempre es necesaria para convertir una pequeña startup en una gran empresa

El denominador común que suele unir a las pequeñas startups que acaban de empezar es la necesidad de encontrar una empresa de capital riesgo que, con una financiación inicial, den el pistoletazo de salida hacia el éxito. Sin embargo, muchas grandes empresas que ahora son consideradas unicornios (unicornio – valoradas en más de 1.000 millones de dólares) empezaron con poco o nada.

Joseph Flaherty, director de contenido en Founder Collectivo, facilitó a TechCrunch una lista de 35 grandes empresas que pasaron de no tener un duro a unicornio. Como argumenta el autor, una financiación inicial no debería ser un requisito imprescindible para el éxito de una startup porque, si no puedes transformar un dólar en diez dólares, ¿cómo podrás convertir un millón en diez millones?

Muchas de estas empresas han conseguido valoraciones de miles de millones, o bien han conseguido cerrar rondas de inversión posteriores que han catapultado su valoración, sin embargo ninguna de ellas tuvieron estrictamente una financiación inicial en su momento. Flaherty clasifica estas 35 startups según sus estrategias y métodos para obtener ingresos –nosotros destacamos las más conocidas y populares–.

Descubre algo nuevo y entonces pide dinero

Es el caso de MailChimp, la herramienta más popular de automatización de correos electrónicos. La idea surgió del hartazgo de su fundador Ben Chestnut, que entonces trabajaba en una consultoría y era el encargado de crear las ‘newsletters’ para más de 200 clientes. Actualmente, la empresa tiene unos beneficios de 400 millones de dólares.

Los creadores de Shopify empezaron con una startup de comercio electrónico de productos de snowboarding, detectando en ese momento la necesidad de una herramienta que unificara los carritos de compra. La plataforma funciona desde hace seis años de forma independiente, recibiendo diversas inversiones y lanzándose más tarde a la bolsa.

Reglas de autosuficiencia

A veces las habilidades de cada uno son suficientes para crear una gran empresa. Una tendencia generalizada es la de pensar en la estructura empresarial y la organización de la startup antes de tener claro cuál es el producto que ofrecemos, cuando existen ideas que por sí mismas ya tienen una fuerza brutal.

Es el caso de Ipsy, fundada por Michelle Phan, que empezó siendo ‘youtuber’ filmando sus propios tutoriales de belleza y consejos de estilo de vida. En torno a su personalidad consiguió crear una empresa que generó 150 millones de dólares antes de recaudar 100 millones en inversión. Otro caso es el de Shutterstock, creado por Jon Oringer, amante de la fotografía amateur y que lanzó el banco de imágenes con fotos realizadas por él mismo. Ahora, la empresa está valorada en 2.000 millones de dólares.

Venta inmediata

La venta directa ha sido y será siempre, el método más eficaz para conseguir dinero rápido. Es el caso de startups como Scentsy, CarGurus o LootCrate, todas ellas con valoraciones estratosféricas gracias a haber contratado temprano a comerciales, o haber puesto un precio a su producto a la primera semana de tener clientes. Esta venta rápida también les permite obtener información inmediata sobre las necesidades del consumidor.

Gastar poco en marketing

Encontrar un método ingenioso para evadir los cuantiosos costes de la publicidad de marca puede ahorrar mucho dinero y, si se hace bien, catapultar la empresa. Un caso destacable es el de Wayfair, que en vez de invertir el dinero en marketing, compró todos los dominios que coincidían con los resultados de búsqueda de su producto, dando lugar a un modelo de profitabilidad que duró bastante tiempo –hasta que recibieron financiación–.

A veces, tener dinero puede ser un freno

Algunas startups también han demostrado que de haber recibido financiación, no serían lo que son ahora. ¿Suerte o maldición? El autor argumenta que no recibir inversiones puede ser, de alguna manera, una bendición: y es que previene de soñar despierto y fuerza a trabajar duro ante lo que hay. 

Es el caso de las empresas tecnológicas que nacen fuera de Silicon Valley, Nueva York o Los Angeles, donde la presencia de capital riesgo es más bien escasa. Atlassian lo pasó mal para encontrar inversión, pero el incansable esfuerzo ha hecho de esta startup australiana un unicornio valorado en 4.000 millones de dólares.

Encontrar financiación es como jugar a la ruleta rusa; y es que muchas empresas de capital riesgo han eludido grandes ideas que más tarde se han transformado en billones de dólares. De hecho, como empresa parece estar mejor valorado que uno progrese sin recursos, que no pedir una gran cantidad de dinero desde el primer día.

 

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