Un ambicioso proyecto de ciudad-bosque que ocupará 175 hectáreas

Forest City es el nombre que recibe el ambicioso proyecto de China de construir una ciudad totalmente sostenible, de una superficie de 175 hectáreas cubiertas de casi un millón de especímenes vegetales, 40.000 árboles que absorberán unas 10.000 toneladas de dióxido de carbono y 57 toneladas de partículas contaminantes, para producir 90 toneladas de oxígeno cada año.

La construcción de esta urbanización ha empezado oficialmente esta semana, un proyecto que sigue la dinámica de protección medioambiental que parece estar siguiendo el gobierno chino, el mismo que en 2016 puso prohibiciones a la construcción de la que hasta ahora era su arquitectura característica: bizarra, extravagante y de poco simbolismo cultural. China quiere construir edificios “económicos, verdes y hermosos”.

La ciudad-bosque será el hogar de unas 30.000 personas con 70 edificios equipados con paneles solares que permitirán el autoabastecimiento energético de esta ciudad. Los beneficios que se esperan son la disminución de la temperatura ambiental, una mejora relevante de la calidad del aire y un aumento general de la biodiversidad. 

Todo ello son graves problemas medioambientales que China afronta desde su apertura económica e industrialización. La arquitectura urbana que ha caracterizado al país desde su emergencia económica se ha traducido en edificios ambiciosos, opulentos y ostentosos que poco tenían en cuenta las condiciones del ecosistema alrededor.

En Liuzhou, situada en la provincia de Guanxi al sur de China, es donde se planea que en 2020 se haga realidad Forest City. Un proyecto que viene de la mano de la empresa italiana Stefano Boeri Architteti, pionera en arquitectura medioambiental –en 2014 construyó Vertical Forest, dos torres residenciales en Milan rodeadas de dos hectáreas de vegetación que absorben entre 15 y 17,5 toneladas de suciedad–.

Vertical Forest fue el precedente que dio la idea a Boeri para multiplicar las torres residenciales para crear esta urbanización verde que realmente funciona como una aspiradora de contaminación.

Forest City no es el único proyecto de Boeri en China; a principios de 2017 se inició la construcción en la ciudad de Nanjing de dos torres residenciales similares a las Vertical Forest en Milan. El complejo arquitectónico está previsto para finalizar en 2018, y albergará oficinas, un museo, un hotel de lujo y una escuela de arquitectura.

Además de encontrar una solución a los problemas medioambientales, Forest City entra en la línea de China por crear nuevas ciudades con el fin de recolocar gran parte de su población rural a las grandes ciudades: el año pasado, el gobierno anunció que movería a dos millones de habitantes rurales a las urbes con el objetivo de reducir la pobreza extrema presente en estas zonas.

Según el periódico The Guardian, un segundo proyecto de ciudad verde en China podría seguir al de Liuzhou; este se construiría en la ciudad industrial de Shijiazhuang, que cuenta con una población de 1,5 millones de habitantes y se encuentra en la lista de las 10 ciudades más contaminadas del país asiático.

Boeri, que pisó por primera vez China en 1979, considera que finalmente las autoridades chinas están empezando a entender la necesidad de un cambio en el modelo urbanístico. “Han creado estas pesadillas –inmensas y gigantes metrópolis. Deben imaginar y crear un nuevo modelo de ciudad no centrado en la expansión, sino en un sistema de pequeñas ciudades verdes”, declara Boeri para The Guardian.

China sueña con liderar las energías renovables

Pekín, una ciudad que por un lado protagoniza las bizarras imágenes que ilustran los altos índices de contaminación en China, es irónicamente aclamada como la abanderada de la lucha internacional por las energías renovables, sobre todo después de la negativa de Trump al tratado de París. Conscientes de las evidentes consecuencias medioambientales de su rápido crecimiento económico, las autoridades chinas parecen tener la misma prisa para limpiar su aire -y su imagen– que tuvieron para convertirse en la mayor fábrica del mundo.

Las ambiciones chinas para colocarse como líderes medioambientales se han traducido en proyectos como la construcción de la mayor granja solar del mundo, así como la reducción del consumo de carbón, en total un sector en el que Pekín ha prometido invertir más de 360.000 millones de dólares. 

Aunque no es oro todo lo que reluce; China tiene la mala costumbre de forzar procesos que en otros países llevarían décadas para realizarse: A pesar de ser el mayor productor de energías limpias a nivel global, el gigante asiático echa a perder gran parte de esta energía a causa de un mal sistema de suministro y redes de infraestructuras que, en ocasiones, no están preparadas para el cambio de actitud que ha adoptado Pekín.

Lee ahora: China Unicom, operador de telecomunicaciones chino, amplia su capital a nuevos inversores

Más sobre Asia

Las impresionantes ciudades chinas de 2050

Tesla se expande y negocia la construcción de fábricas en China

2 Comentarios

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here