El fundador de Outreach demostró que la crisis agudiza el ingenio cuando su startup estaba al borde del cierre

Outreach es una startup de software ‘en la nube’ que automatiza y organiza las respuestas de los agentes comerciales a sus clientes, una empresa que recibió el pasado 23 de mayo una suma de 30 millones de dólares en inversión, disparando la cantidad total de financiación a 60 millones de dólares.

Su fundador y CEO, Manuel Medina, tiene la costumbre de saludar cada mañana a cada uno de sus 170 empleados, una plantilla que sin embargo, en 2015, era de tan solo seis personas. Actualmente, Outreach cuenta con una cartera de 1.200 clientes e ingresos de 10 millones de dólares anuales en 2016.

Una de las startups con un crecimiento más rápido e impresionante, que no habría nacido si no se hubiera encontrado al borde de la bancarrota hace tres años, con el dinero justo para aguantar dos meses más.

En junio de 2014, Medina era dueño de GroupTalent, una startup de venta de software en Recusos Humanos que se enfrentaba a números rojos. Pero no se dejaría vencer fácilmente, y Medina ordenó a su equipo, de entonces una veintena de personas, a vender todo lo que tenían como pudieran. Tenían que sacarse el producto de encima como fuera posible, al precio que fuera.

Los cofundadores de GroupTalent, Andrew Kinzer y Gordon Hempton, no eran especialmente buenos vendedores, pero en medio de la desesperación, surgió en sus cabezas una idea que les salvó de la bancarrota: desarrollaron una aplicación para automatizar las llamadas en frío o ‘Cold Caling’ para aumentar la cantidad de potenciales compradores de sus productos. No solo eso, sino que la herramienta también incluía correos electrónicos personalizables –escritos por profesionales– que eran enviados a los potenciales compradores.

Encontraron una solución a uno de los problemas más pesados del mundo de las ventas: el comercial o vendedor invierte gran parte de su tiempo en el primer contacto en frío –las llamadas telefónicas o la redacción de correos electrónicos–; al automatizar este proceso, los vendedores tienen más tiempo para hacer su trabajo: vender el producto a los clientes que se han interesado.

Una idea brillante que les salvó de la bancarrota, y es que se encontraron que los clientes estaban más interesados en la aplicación que habían desarrollado, que el software que vendían con ella. A partir de entonces, todo fue pan comido. Lanzaron la aplicación llamada Outreach el uno de enero de 2015, y actualmente han recibido unos 60 millones de dólares en financiación y están valorados en 200 millones de dólares.

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