La primera ola

El centro de la tecnología es, desde el origen de los microprocesadores, Silicon Valley. En su recientemente publicado libro The Third Wave, el fundador de AOL y el capitalista de riesgo Steve Case dividieron la historia de la industria de la tecnología moderna en tres olas de innovación que crearon, transformaron e impulsaron el Valle del Silicio.

La primera pasó de aproximadamente de 1985 a 2000. Durante la primera ola, la infraestructura básica de Internet seguía siendo costosa. Al igual que Tesla hoy en día, las primera compañías de Internet sufrieron una crisis de costes: estas compañías de Internet a menudo se encontraban en una situación donde la demanda superaba a la oferta, obligándolos a recaudar millones de dólares para comprar servidores, alquilar ancho de banda y licencias de software. Amazon es el ejemplo más claro: tardó casi 10 años en ser rentable. Google, Apple y Amazon ponen el cartel de esta época.

En el año 2000, estos elevados costes arrasaron con todas las startups y empresas que no contaban con el respaldo de un modelo de negocio sólido.

La crisis de las ‘punto.com’: contención del capital

La primera ola terminó abruptamente en la mayor crisis que ha vivido Silicon Valley. ‘La crisis de las puntocom’. El crédito fluía a raudales por el Valle del Silicio hasta que las dudas corrieron más rápido que el capital. Un cambio de expectativas sobre las empresas punto-com y tecnológicas en general, debido a que los inversores comenzaron a notar que los principios de la Nueva Economía (empresas de internet) no eran tan distintos a los de la vieja: aquí también era necesario que el dinero invertido en los startups se recuperase en un plazo razonable.

Ante la lluvia de crédito que fluya por el Valle del Silicio, los modelos de negocios basados en el B2C subestimaron la complejidad y los costos de logística y distribución, y sobrestimaron algunos efectos de la economía en red de difícil comprobación empírica: la economía de la abundancia y la premisa de prestar servicios gratuitos porque la red recompensa la gratuidad.

Sede de Oracle, Silicon Valley

El otro factor fundamental que explica la caída es inherente al funcionamiento de los mercados financieros: la información. Los grandes ‘expertos’ de los mercados financieros empezaron a escribir artículos y aparecer en televisión augurando que las nuevas compañías de internet estaban sobrevaloradas y serían incapaces de alcanzar la rentabilidad que indicaba la valoración que tenían.

Las opiniones de algunos economistas y empresarios del establishment (comenzaron prediciendo la caída en 1997), terminaron por imponerse haciendo realidad la profecía auto-cumplida de que la burbuja algún día iba a estallar.

La segunda ola Silicon Valley

Durante la primera ola, estaba de moda para las empresas hacer grandes inversiones en activos tangibles.

Durante la segunda, entre aproximadamente 2000 a 2010, las grandes inversiones del pasado pasaron de moda. El miedo a la crisis plantó raíces en la mente de los inversores. La foto representativa de este periodo es Facebook, una página web empezada por un universitario en una habitación del campus de Harvard en 2004. Para ese punto, los servidores y el ancho de banda habían reducido su precio lo suficiente (la tarifa plana ya era un estandar del sector online) que Mark Zuckerberg no necesitó mucho dinero para hacer crecer la red social que conquistaría y conectaría el mundo desde una universidad. Esto le permitió mantener un control total sobre Facebook a medida que la red social crecía.

Esta tendencia hacia un acceso más barato a la tecnología se ha acelerado en la última década. Servicios en la nube como Amazon Web Services y la feroz competencia de precios en el mercado del cloud han reducido drásticamente el coste de la construcción de un sitio web o aplicación que pueda alcanzar a millones de usuarios. El software libre ha hecho posible construir un sitio web sin pagar un centavo en licencias. Debido a que los servicios en la nube se pueden alquilar por minuto y ampliarse en cualquier momento, no requieren casi ningún capital para escalar y servir a millones de usuarios. Esto ha significado la aparición de nuevas multinacionales que empezaron con muy poco capital.

Se ha convertido en un dogma de Silicon Valley: utilizar la infraestructura de otras personas (servidores, app stores,…) para construir plataformas en línea que permitan a los usuarios interactuar entre sí, pero sin invertir en activos propios que impliquen grandes costes: AirBnB no posee ningún hotel, ni Uber taxi alguno.

La infraestructura de Internet sigue costando cada vez menos. Pero las grandes empresas de tecnología continúan recaudando cada vez más.

 

Ve la segunda parte

Silicon Valley – Las 3 oleadas de la Innovación (II)

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